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26 de diciembre de 2004 : Cuando lo imposible se convierte en realidad

Patrick Lachaussée - Quai d’Orsay, Paris, France - 18 décembre 2014

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26 de diciembre de 2004. Juego con mis hijos y con los regalos de Navidad que acaban de abrir. Estas fiestas me permiten por fin pasar un poco de tiempo con mi familia. Lo necesito, igual que ellos. Soy uno de los responsables del gabinete de crisis del Ministerio francés de Asuntos Exteriores. 2004 ha sido un año difícil. Empezó mal para nuestros compatriotas con la catástrofe aérea de Sharm el Sheij en la que murieron 148 personas, de las cuales 134 eran franceses. También hemos tenido que ocuparnos del secuestro de dos periodistas en Irak a finales de verano. Hace poco, la evacuación de la comunidad francesa de Costa de Marfil en noviembre ha sido un momento de mucha tensión porque nunca antes el gabinete de crisis del ministerio había organizado la evacuación de tanta gente –casi 10.000 personas.

Aún es pronto cuando suena mi teléfono de servicio. Acaba de producirse una catástrofe en Asia. Ha habido un terremoto de una magnitud de 9,5 en la escala de Richter frente a las costas de Sumatra y un tsunami devastador acaba de golpear con una violencia desconocida Indonesia, la costa de Sri Lanka, el sur de la India y la costa oeste de Tailandia.

Desde el primer momento, el Ministerio francés de Asuntos Exteriores y su red diplomática se movilizan

Una hora después, se abre el gabinete de crisis y se proporciona a todos los medios de comunicación el número de teléfono que permite a la gente llamar al Ministerio para dar y solicitar información sobre parientes, amigos o conocidos que puedan encontrarse en esa zona gigantesca. En cuanto se publica el número de teléfono y las televisiones y las radios lo difunden, los teléfonos empiezan a sonar muy rápidamente ; nuestra capacidad de respuesta llega al límite.

Hay que darse prisa : llamar a más voluntarios, conseguir y movilizar medios adicionales (teléfonos y ordenadores), encontrar sitio para instalar todo el dispositivo. También hay que recabar al mismo tiempo la información más útil y precisa posible para poder localizar a las víctimas, ayudarlas e informar a todos aquellos que llaman angustiados. Por último, debemos mandar equipos y socorrer a la gente sobre el terreno.

Todo es urgente, no se puede dejar nada al azar

Todos los servicios se movilizan. Llegan los voluntarios, son muchos, los servicios informáticos instalan tantos ordenadores y teléfonos como pueden. La gente se instala en zonas que normalmente utilizan el ministro y su gabinete ; las salas de reunión y de recepción, los grandes salones del Ministerio... todo queda requisado. En el momento álgido de actividad, llega a haber más de 650 empleados del Ministerio y unos 40 voluntarios de la Cruz Roja francesa en el gabinete de crisis.

A medida que llegan, se les informa y todos saben lo que tiene que hacer. Algunos contestan al teléfono y están en contacto con parientes y amigos. Otros se ocupan de tratar la información recabada. Hay quien prepara misiones de rescate y de apoyo a nuestras embajadas en la zona, quien se encarga de estar permanentemente en contacto con ellas y quien coordina todos los esfuerzos de acción sobre el terreno. Todos los compañeros de las embajadas afectadas también están movilizados desde el inicio de la catástrofe.

La prioridad : buscar información

Los primeros días no tenemos mucha información. Nos es difícil contestar a las peticiones que nos hacen. Nuestra preocupación, igual que la de las familias, es inmensa y crece a medida que pasan las horas. Todas las comunicaciones están cortadas con las zonas afectadas, y aún así tenemos que conseguir el máximo de información posible. Es una carrera contrarreloj.

Llegan los primeros equipos a las zonas afectadas para ayudar a nuestros compatriotas. Se ha enviado a varios grupos de voluntarios para cubrir una zona inmensa. Su misión es ayudar a las embajadas a organizar la gestión de la crisis, ayudar a las víctimas, censar y localizar a las víctimas y proporcionar información al gabinete de crisis para que pueda responder a las familias angustiadas.

Cuando llegan, los equipos se encuentran con una desorganización total. Hay que improvisar, ir a buscar la información allá donde se encuentre, ir a los hospitales y a cualquier lugar en el que pueda haber ciudadanos franceses ; también hay que encontrar un espacio en el que instalar y acoger a todos aquellos que necesiten contactar con nosotros y organizar los rescates, independientemente de la nacionalidad de las víctimas.

Pasa el tiempo, la angustia viene a sumarse a la angustia y hay que gestionar la tensión, el estrés y el miedo a no llegar a tiempo para ayudar a mucha gente aislada. Las familias están disgregadas y no hay ninguna información disponible sobre la situación de unos y otros. Trabajamos pues para reagrupar a las familias a las que los acontecimientos han dispersado. Nos encontramos con muchos niños y cónyuges separados. A pesar de su compromiso y de su profesionalidad, nuestros equipos, que están solos, no pueden alcanzarlos. Hay que organizar pues la coordinación e intercambiar información con los demás socios desplegados sobre el terreno. Eso nos permite encontrar a muchas personas de las que se han encargado otras embajadas.

La estrategia de la tela de araña : captar y cotejar la información para comprobarla

En París, las reuniones se suceden una detrás de otra y pensamos en todos los medios que pueden permitirnos conseguir información y cotejarla con aquella de que disponemos y que no podemos comprobar. Pedimos a los operadores de telefonía móvil usar sus archivos de clientes para enviar un mensaje a todos aquellos que puedan encontrarse en las zonas afectadas para pedirles que llamen a sus familias. Aunque no todas las redes de telefonía móvil están operativas, la respuesta es inmediata y supera incluso nuestras previsiones. Mucha gente nos llama para decirnos que han tenido noticias de sus parientes y decirnos dónde están y qué necesitan. Así conseguimos encontrar a muchas personas, a las que mandamos equipos compuestos por diplomáticos y personal médico.

Cada tres horas, se releva a los equipos que atienden las llamadas y se informa a cada nuevo equipo durante un buen rato para que cada uno evalúe si se siente capaz de responder al teléfono en una situación tan dramática y tensa. También ponemos en marcha una plataforma de respuesta por correo electrónico. Hay que ayudar, actuar de forma urgente, tomar decenas de decisiones, informar, dar la información correcta. Es un trabajo que llevará semanas. Es un trabajo considerable. Es un trabajo agotador.

A medida que pasa el tiempo, vamos recopilando mucha información. Comenzamos poco a poco a tener algunas certezas sobre la desaparición o el fallecimiento de algunas personas. Nos han llegado testimonios directos e información precisa sobre la situación desesperada de varias decenas de personas. Todo se basa en los resultados de la búsqueda de los equipos sobre el terreno, en el tratamiento de las 200.000 llamadas telefónicas y de los 100.000 correos electrónicos recibidos en el gabinete de crisis en París. Gracias al análisis minucioso de toda esta información, acabamos sabiendo que hay 96 víctimas francesas. Ahora hay que informar a la familia de cada una de ellas. En estos momentos tan duros, hay que darles esta última información con toda la atención y toda la humanidad necesarias. También (y sobre todo) hay que acompañar a todos y cada uno en el duro trabajo de luto y de reconstrucción, porque hay un número importante de víctimas que no han sido encontradas o que deben ser identificadas por medios científicos.

En este momento tan difícil para tantas familias, diez años después de una catástrofe que ha marcado al mundo por la cantidad de víctimas que dejó, me acuerdo de las víctimas, de sus amigos y parientes. Hicimos todo lo que podíamos hacer. Hicimos más que lo imposible para llevar a cabo nuestro trabajo. Por ello, hay que rendir también homenaje a los voluntarios excepcionales, tanto en el Ministerio francés de Asuntos Exteriores como en las embajadas y en las zonas afectadas ; sin ellos nunca lo habríamos conseguido. Vaya, con gran humildad, toda mi gratitud para ellos. Todo se basó en una implicación excepcional, una implicación determinante para ayudar al mayor número posible de personas.

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