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COP 21 : Desafío colectivo y aventura singular

Pierre Henri Guignard - 15 octobre 2014

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La diplomacia francesa vive desde hace años un periodo de cambios profundos. Valgan de ejemplo mis responsabilidades actuales : puedo dar tres ejemplos que ilustran esta evolución.

Diversidad y paridad

Primer ejemplo : los equipos involucrados en la preparación de la COP 21 (la Conferencia de las Partes en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático), ya sea el grupo de negociadores reunidos en torno a la embajadora Laurence Tubiana o la secretaría general de la que soy responsable, son paritarios y están compuestos por representantes de varios ministerios –no solo de Asuntos Exteriores, también de Ecología o de Agricultura.

Es cierto que no se trata de una novedad propiamente dicha, pero supone el triunfo de un hecho evidente : hay que movilizar todo el talento en torno a nuestro objetivo y a la consecución del resultado. A la cultura de hacer las cosas en un solo departamento ha sucedido un « multiculturalismo administrativo ». Nuestra fuerza reside en esta diversidad de orígenes, sobre todo ministeriales, y en este respeto de la paridad, que reflejan la modernización de la administración.

Transparencia y apertura a los medios…

Segundo ejemplo : una periodista nos acompaña y sigue desde el primer día nuestro trabajo. Participa como desea en nuestras reuniones, en nuestras misiones. Tiene acceso a nuestros contactos y en muy gran medida a nuestras reflexiones. Saca de esta proximidad, con total libertad, material para artículos sobre el proceso de preparación de la COP 21 y sobre la « humanización » de las negociaciones.

A pesar de que la diplomacia ha mantenido de forma consciente una zona oscura –que sigue siendo indispensable, a fin de cuentas–, esta exposición « del interior » es la afirmación de una mayor confianza del Estado, y de la asunción, por parte de sus responsables, de una transparencia necesaria.

En el mismo orden de ideas, la posibilidad, para un funcionario del Estado, de expresar sus opiniones en las redes sociales –algo inimaginable hace unos pocos años– es una muestra adicional de la apertura del Estado a los demás sectores de la vida democrática.

Esta libertad de expresión (eso sí, condicional…) no merma en modo alguno la solemnidad fundadora de la palabra política de los responsables que hablan en nombre del gobierno. Al contrario, es la marca de un compromiso personal y ciudadano que responsabiliza al funcionario y desmitifica al Estado, sin olvidar que también da valor a su acción al servicio del interés general.

…y a la sociedad civil

Tercer ejemplo, por último : la conferencia que preparamos involucrará en gran medida, en toda su diversidad, a la sociedad civil. Es cierto que el sistema onusiano ha privilegiado desde hace tiempo la participación tradicional de los actores no gubernamentales, pero se trata de algo que ha sido plenamente asumido e incluso solicitado por el Comité Director Ministerial creado para preparar la conferencia. Este comité director incluye de hecho también a miembros de la sociedad civil, a científicos independientes, garantes de que haya una adecuación entre las constataciones de los científicos y los objetivos políticos.

Esta conferencia reunirá a unos 22.000 participantes, de los cuales muchos serán representantes de sectores no estatales. En torno a ellos, ciudadanos del mundo entero, igualmente afectados, activistas, representantes comprometidos, vendrán a seguir el desarrollo de las negociaciones (que son, en última instancia, responsabilidad soberana de los representantes de los Estados).

Para estos ciudadanos, los trabajos de las sesiones plenarias se retransmitirán íntegramente fuera del recinto –es decir, para el mundo entero por internet– y también en espacios reservados a la sociedad civil en las salas adyacentes.

Así, los Estados asociarán de facto a las negociaciones a todos aquellos que sufren los efectos del cambio climático, que han contribuido ampliamente, durante los últimos veinte años, a situar el tema en la esfera pública y que, el día de mañana, se beneficiarán de las soluciones acordadas por los delegados reunidos alrededor de la mesa, o que incluso las pondrán en práctica.

Esta proximidad y esta apertura traducen una evolución notable del multilateralismo y, por ende, acompañan el surgimiento de una diplomacia cada vez más participativa.

Diversidad de compromisos, transparencia y multilateralismo participativo : son estos algunos de los pilares de una nueva forma de diplomacia acorde con nuestro tiempo. Participar en su desarrollo a la vez que nos enfrentamos a uno de los grandes desafíos del siglo, la lucha contra el cambio climático, representa a la vez un increíble desafío colectivo y una aventura singular.

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