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De Varsovia a París, transformar el ensayo de las negociaciones climáticas

Antoine Ebel - Varsovie, Pologne - 7 mai 2014

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Viernes por la noche en Varsovia, una fría noche de noviembre de 2013. Viernes por la noche ; la fecha límite para las negociaciones internacionales sobre el clima que comenzaron hace ya dos semanas. Los billetes de avión del vuelo de vuelta de los participantes ya están reservados para el día siguiente. Ya deberíamos estar dando los últimos toques a los textos de decisión, preparándonos para la validación en reunión plenaria. Pero no es en absoluto así. El tiempo pasa, y la perspectiva de no llegar a ninguna decisión conjunta en esta “COP” (las conferencias anuales de la ONU) comienza a vislumbrarse.

A sólo dos años de la fecha límite que todos los países estipularon para alcanzar un acuerdo climático global para suceder al Protocolo de Kioto, todos temen la ausencia de avances en Varsovia. Y para Francia, que acaba de ser nombrada oficialmente país anfitrión de la 21ª COP en 2015 –justamente la que debe conducir a la conclusión del acuerdo– sería una mala señal.

To huddle or not to huddle…

Puesto que el tiempo disponible no autoriza la burocracia procedimental, todos deciden abandonar sus escaños y reagruparse en medio del hemiciclo, unos contra otros, en un “huddle” (del verbo “to huddle” en inglés que significa “reagruparse”).

Parecía casi una melé de rugby, lo que no deja de ser significativo pues es muy frecuente que los negociadores no duden en “sudar la camiseta”. Esta es una oportunidad para ellos de hablar con franqueza, de aclarar sus desacuerdos y lo más importante, de encontrar formulaciones convenientes para todos.

Y nada de tapujos : las conversaciones se llevan a cabo abiertamente, y todos pueden participar siempre y cuando logren colarse. Y de todos modos, todos los compromisos se someterán inmediatamente a la aprobación de todos los países. No se trata de repetir el guión de Copenhague, donde en 2009 un puñado de jefes de Estado se encerró para redactar un acuerdo político, rechazado en el pleno por países furiosos por haber sido dejados de lado. La transparencia es la regla.

Un "huddle" : regroupement au milieu de l’hémicycle, en toute transparence | Photo : MAEDI

En el centro de la melé vemos, pues, rostros conocidos, emblemáticos de las negociaciones climáticas. Como el estadounidense Todd Stern, que también estaba presente durante las negociaciones del Protocolo de Kioto en 1997, y la venezolana Claudia Salerno, conocida por sus inflamadas declaraciones. Ellos encarnan al extremo las tensiones entre los países desarrollados, que consideran que los esfuerzos de reducción de las emisiones no pueden seguir pesando exclusivamente sobre ellos, y los países en desarrollo, que reclaman el derecho a poder desarrollarse, sin restricciones. Alrededor de Todd y Claudia, europeos, chinos, brasileños, representantes de pequeños Estados insulares que intervienen y, a veces, formulan objeciones. El filipino Yeb Sano, que emprendió hace dos semanas una huelga de hambre por solidaridad con sus compatriotas víctimas del “supertifón” Haiyan, reúne sus últimas fuerzas para exhortar a los países a encontrar un compromiso. Encaramados en las mesas, varios fotógrafos inmortalizan esta escena casi absurda, o por lo menos estrafalaria.

Un billar de 195 bandas

La discusión gira en torno al calendario de los compromisos para el futuro acuerdo — y el texto de negociación, rebosante de opciones de formulación entre corchetes, dice mucho sobre la magnitud de los desacuerdos. Pues, detrás de las palabras, lo que está en juego es serio : ¿quién se compromete, y cómo ? ¿Deben prepararse los compromisos nacionales antes de la COP 21, o esperar a que se establezcan reglas claras ? ¿Deben los países en desarrollo contraer el mismo tipo de compromisos que los países desarrollados ? La Unión Europea propugna por el anuncio rápido de los compromisos, para que puedan examinarse a la luz de las exigencias de la ciencia, y por su eventual revaluación. Pero muchos preferirían que los compromisos se contrajeran en París, por no decir mucho más tarde.

Por la noche se llegó a un compromiso, que fue rechazado por el pleno la mañana siguiente, que se retrabajó y, finalmente, se adoptó a principios de tarde – como quien dice durante las “prolongaciones”. La mayoría de las otras negociaciones paralelas también tuvieron un desenlace feliz. El elemento de calendario (1er trimestre de 2015) se preservó, pero los compromisos se convirtieron en “contribuciones”, un término híbrido que sigue causando hoy grandes quebraderos de cabeza a muchos especialistas en derecho. No es perfecto, pero es mejor que nada – hay que saber aceptar compromisos en este juego de billar de 195 bandas. La presidencia polaca tomó la decisión correcta : dejar que se acentúen las oposiciones, poner a los países ante la perspectiva de un fracaso total, y conseguir el compromiso a última hora. ¡Uf !

Construir la confianza

El mundo de las negociaciones climáticas es realmente muy particular. Una caravana itinerante de negociadores, medios de comunicación, ONG, investigadores… que se instala cada año en un lugar diferente del mundo. Algunos hablan incluso de “circo”. La palabra es comprensible, pero injusta, pues este espacio de cooperación es sumamente valioso. En raras ocasiones la comunidad internacional ha tenido que hacer frente, en su conjunto, a un reto común tan considerable. Tratar este “objeto político no identificado” –desfasado en el tiempo, en el espacio, gigantesco por su magnitud, múltiple en sus causas y efectos– a través del clásico juego de los Estados-naciones en el seno del sistema de las Naciones Unidas no está exento de dificultades. Pero, para parafrasear a Winston Churchill, el marco de la ONU es la peor manera de tratar las cuestiones climáticas... con excepción de todas las demás.

Para Francia, país anfitrión, la COP 21 será un desafío diplomático considerable — y el tema de otros artículos en este blog. Será preciso construir la confianza entre los Estados y valorizar las iniciativas positivas a favor del clima para conseguir un acuerdo ambicioso, jurídicamente vinculante, y que todos los países acepten. En el Norte, en el Sur, en los parlamentos nacionales, las colectividades territoriales, las empresas, las premisas de una acción climática enérgica ya están presentes. Sólo resta al foro de las Naciones Unidas transformar el ensayo. Y, para lograrlo, ¿qué mejor que una buena melé ?

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