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En Afganistán, los drones están (también) al servicio de la ciencia y del patrimonio

Jean-Michel Marlaud - Kaboul, Afghanistan - 15 avril 2016

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En las regiones fronterizas de Afganistán y de Pakistán, los drones son de sobra conocidos por su uso militar, ya se trate de vigilancia o de ataques aéreos. Han sido elevados incluso a los altares literarios, con la reciente publicación de una novela negra escrita por un autor que se oculta tras el seudónimo Doa, y cuyo título, Pukhtu primo, es una alusión directa a esta región del mundo.
Existe otro uso para estos drones, más pacífico y menos conocido : un uso civil, relacionado directamente con el estudio, la comprensión, con compartir y valorizar el patrimonio cultural y arqueológico.

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Militaire afghan surplombant le site archéologique de Mes Aynak

Mes Aynak, un yacimiento arqueológico a caballo entre conservación del patrimonio y desarrollo económico

Y así resulta que una mañana al alba, bajo el cielo gris y sucio de Kabul que aún se despereza, me dirijo por una carretera hacia el sur, entre mercadillos e innumerables contenedores transformados en tiendas, panaderías, talleres de artesanos, etc., que convierten Afganistán en un auténtico « Contenedorstán ». La carretera tiene apenas 30 kilómetros, está bien asfaltada y no tiene demasiados agujeros. Solo la presencia de militares apostados cada cien metros dándonos la espalda nos recuerda que, a pesar de no ser muy larga, esta vía es hoy poco segura. Al entrar en la provincia del Logar dejamos la nacional y nos adentramos en una pista, que también está en buen estado, salpicada de fortines hechos de chapa y bloques de hormigón y que, frente a la inmensa llanura, velan sobre un « Desierto de los tártaros ».

A la entrada del inmenso yacimiento arqueológico de Mes Aynak, el terreno empieza a ser más montañoso y la pista, después de haber pasado por dos campos, uno ocupado por los policías encargados de la protección de la zona y el otro por los artificieros que la « descontaminan » de los restos explosivos que han dejado los años de guerra, llega al « pueblo chino ». ¿Un pueblo chino ? Los barracones de tejados azules alineados con esmero no son demasiado orientales pero han sido construidos para dar cobijo a centenares de obreros que debían venir de China para explotar la mina de cobre que es, según se dice, la segunda con las mayores reservas del mundo.

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Paysage vallonné du Logar vu du site archéologique de Mes Aynak

Nos encontramos en el corazón del posible conflicto entre la conservación del patrimonio y el desarrollo económico : y es que Mes Aynak, cuyo nombre significa « fuente de cobre » es conocido desde la Antigüedad. El lugar fue abandonado y olvidado, para ser redescubierto por la Delegación Arqueológica Francesa en Afganistán (DAFA) en la década de 1960 y explotado por los soviéticos de forma superficial. Hasta 2006, cuando se tomó la decisión de firmar un contrato de explotación del cobre con una compañía china, no hubo excavaciones arqueológicas serias, como las llevadas a cabo por el Instituto Nacional de Arqueología con el apoyo de la DAFA y la Unesco y financiación del Banco Mundial.

Desde entonces, los trabajos arqueológicos han permitido entender la estructura del yacimiento, dividido en cuatro grandes sectores : la mina en sí, en la que aflora el cobre, los talleres de transformación, aún ennegrecidos por las marcas de los fuegos de la Antigüedad y los lugares de culto y las viviendas, algunos zoroástricos, otros budistas. Las dos religiones convivieron de forma pacífica y hay restos de un gran templo del fuego de la misma época que varias estupas.

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Stupa en schiste sur base carrée. Tambour polygonal décoré de fausses niches trapézoïdales / © Ambassade de France en Afghanistan

Gracias a los drones se puede cartografiar el yacimiento de Mes Aynak antes de que desaparezcan los restos...

Los arqueólogos tienen prisa : aunque los trabajos de explotación de la mina aún no han comenzado, la destrucción de los restos es cuestión de pocos años, o quizá menos. Ahí es donde intervienen los drones de Iconem, la empresa emergente francesa, presente cada año en Mes Aynak desde 2010. Las imágenes tomadas una campaña tras otra permiten seguir al detalle la evolución de las excavaciones y ver resucitar el yacimiento, gracias, entre otros, a una reconstitución en 3D que permite, a los innumerables curiosos que nunca tendrán la oportunidad de visitar el lugar, descubrir uno de los principales centros budistas de Afganistán, deslizarse entre las plataformas zoroástricas en las que se colocaban los cuerpos de los difuntos, admirar los pliegues de la ropa o la finura de los trazos de los bodhisattvas e incluso distinguir los agujeros hechos por los ladrones de tumbas en épocas más recientes.

  • image diaporama - © Embassy of France in Afghanistan
    © Embassy of France in Afghanistan
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...y dibujar el mapa arqueológico de todo el país frente al riesgo de destrucción

Esta misma tecnología de los drones de Iconem, empleada en Irak, permite ver el destrozo llevado a cabo por Dáesh. En Siria, permite ver los daños provocados en el Crac de los Caballeros con la mirada puesta en una restauración que aún se antoja bien incierta, o reconstruir el templo de Bel arrasado por Dáesh pero del que quedan numerosos testimonios gráficos y fotos que permiten reproducirlo en detalle. Parece justo que Afganistán, que fue una de las primeras víctimas de esta barbarie con la destrucción de los Budas de Bamiyán en 2001 se beneficie hoy de esta tecnología.

Consciente de los riesgos de destrucción relacionados con el conflicto pero también con los proyectos de desarrollo económico, el gobierno afgano acaba de encomendar a la DAFA que realice un mapa arqueológico del país. Se trata de una tarea ingente que llevará varios años, habida cuenta tanto de la riqueza de un territorio por el que han pasado invasores y civilizaciones brillantes, desde Alejandro Magno hasta Gengis Kan, desde el imperio timúrida hasta los fundadores del imperio mongol, y donde desde hace casi cuarenta años, la guerra ha limitado el acceso al terreno.

¿Qué tiene todo esto que ver con nosotros a día de hoy ? ¿Acaso podemos extraer ahora lecciones de la historia de Mes Aynak ? Pocos meses después de la COP 21 en la que las naciones del mundo se han volcado en la cuestión del cambio climático y en las consecuencias del comportamiento humano, la « fuente de cobre » nos transmite un mensaje : el yacimiento no fue destruido. Fue abandonado tras una explotación excesiva de los recursos naturales. Para transformar el cobre se necesita madera ; los árboles que antaño cubrían las colinas de esta región fueron talados, los ríos se secaron, hubo que importar el combustible de lugares cada vez más alejados, hasta el día en que ya no fue posible...

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