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Fuera de las paredes de la embajada : un monólogo en el liceo

Erik Colombeau - Vienne, Autriche - 2 juillet 2014

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Durante la reunión semanal de los jefes de servicio, la directora del liceo francés de Viena hizo un llamamiento : "Antes de ceder la palabra, me gustaría informarles de que vamos a organizar próximamente un « foro de las profesiones", una jornada de información y orientación para los alumnos de las clases de 1º de bachillerato. Si algunos, o algunas, de ustedes se presentaran voluntarios para explicar su profesión a nuestros alumnos, les estaría muy agradecida ». Antes de que terminara la reunión, ya me había presentado voluntario.

"We want you !"

El Ministerio francés de Asuntos Exteriores suele recurrir a las competencias y a la experiencia de sus agentes, ya sea para impartir cursos, para acoger a un compañero en prácticas en un servicio antes de marcharse a una embajada por primera vez, para formar parte de un tribunal en unas oposiciones (para corregir exámenes escritos y hacer los exámenes orales) o para tutelar a alguien que ha aprobado una oposición del Ministerio. Se trata de una especie de ayuda mutua más o menos indirecta entre compañeros, de una forma de transmisión del conocimiento con la que estoy de acuerdo y en la que participo cada vez que puedo.

Así, la petición de voluntarios del liceo francés de Viena no me desagradó. La idea de salir un poco de mi rutina y de tratar con interlocutores distintos de los habituales me encantó. La idea, un poco más evanescente, de pensar que quizá pudiera despertar alguna vocación o, por lo menos, transmitir datos concretos sobre lo que realmente significa trabajar en una embajada, me motivaba quizá aún más. Y la mera posibilidad de poder explicar que no, no y no, no se sirven pirámides de Ferrero Rocher en bandejas plateadas en las recepciones del embajador terminó de convencerme de lo acertado de mi iniciativa. Mi pequeña contribución al desmantelamiento de una falsificación de la Historia…

El monólogo

Y así, acabé una mañana frente a varias clases de alumnos del liceo que habían venido a escuchar a tres oradores clasificados en el grupo de profesiones relacionadas con « economía y gestión » : un empresario, la directora adjunta de un servicio de comunicación y yo, secretario general de embajada (una denominación mucho más evocadora –y glamurosa, lo admito– para un público ajeno al Ministerio francés de Asuntos Exteriores que la de "jefe de servicio común de gestión", una denominación oscura hasta para la gente del Ministerio).

Captar y mantener la atención de un público, en este caso, de alumnos de instituto, es todo un desafío. Cuando agarré el micrófono ante varias decenas de adolescentes y me lancé a un monólogo de 40 minutos, rendí homenaje, en mi fuero interno, a los profesores (y a la humorista francesa Florence Foresti) que tienen que obrar ese milagro a diario. Dicho esto, los alumnos estaban receptivos e interesados, aunque tuve que emplear pequeños ardides retórico-humorísticos para recuperar a algunas almas que se habían extraviado en sus teléfonos inteligentes o que estaban demasiado ocupadas buscando una frase lo suficientemente ingeniosa que soltar a su vecino de atrás.

How to captivate an audience of lycée students

Sí, me sorprendió agradablemente que me escucharan con atención los alumnos cuando les hablé de mi profesión, de forma más concreta, y de las distintas profesiones del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, de forma más general. Hubo incluso algunas preguntas al final de mi intervención, fue un intercambio fructífero.

De hecho, las preguntas fueron interesantes. Daban algunas indicaciones sobre cuáles son, hoy en día, las preocupaciones de los adolescentes : "Ha dicho que se ocupaba sobre todo de cuestiones inmobiliarias. ¿Por qué venden el edificio del Instituto Francés ?", me preguntó una alumna muy al corriente de la actualidad local, por lo que se ve. "¿Está obligado a cambiar de país cada 3 o 4 años ?", me preguntó otro alumno, entre ansioso y admirativo. "¿Cuánto gana ?", preguntó otro directamente. A todos les respondí con franqueza, convencido desde hace bastante tiempo de que la honestidad es algo que el mundo adulto debe a la juventud.

Una infinidad de posibilidades

Y ahí, con el micro en la mano, como una reminiscencia de mi vida anterior en Tokio y de las noches pasadas en los karaokes, tuve el deseo furtivo de cantarles "Honesty is such a lonely word" (un éxito asegurado). Pero para los adolescentes de hoy en día, Billie Joel representa la prehistoria, así que cambié de idea y les dije que tenía folletos a su disposición (se los llevaron casi todos) y les invité a visitar, obviamente, la página web del Ministerio francés de Asuntos Exteriores (sobre todo a esos dos del fondo que andan trasteando con sus teléfonos inteligentes).

Después de salir del liceo francés, en el tranvía que me llevaba de vuelta a la embajada, pensé en las posibilidades aún casi infinitas de aquellos alumnos. Con el tiempo, mis posibilidades se habían ido reduciendo a la fuerza, pero al fin y al cabo, la vida profesional en el Ministerio francés de Asuntos Exteriores seguía ofreciendo bastantes posibilidades (como ir a dar una charla a unos alumnos, entre otras).

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