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Istalif : arboles en flor y sufrimiento de guerra

Jean-Michel Marlaud - Kaboul, Afghanistan - 30 juin 2014

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La pequeña ciudad de Istalif está a unos cincuenta kilómetros al norte de Kabul, al borde de la planicie de Chamali. La circulación para alcanzarla es muy lenta por causa de la filas innumerables de camiones abigarrados que avanzan hasta el túnel de Salang para cruzar el Hindou Kouch y llegar así en Mazar-e-Charif.

Islatif, en la época de la esplendor

A lo lejos a la izquierda, se adivina Istalif, a los pies de la montaña. Al llegar en la valle, con mis colegas de la embajada, nos imaginamos en el tiempo de Babur. Fue el fundador del imperio mogol y escribía en 910 después de la Hégira (1505 de nuestro calendario) : "Pocos pueblos igualan Istalif. Un gran torrente atraviesa el pueblo y jardines que verdecen bordean sus orillas...."

Mientras los flores de los arboles de Judea se abren, no pienso que existe en todo el mundo un lugar comparable”. Llegamos precisamente durante este periodo muy corto – dos semanas – de su floración. En la entrada de Istalif se encuentra la fuente que Babur llamaba la fuente de los tres compañeros porque decía que era el único lugar dónde se encuentra a la vez plátanos, robles y arboles de Judea.

Les arbres de Judée en fleurs | Photo : Ambassade de France en Afghanistan

Además de su belleza natural, el sitio es conocido por el talento de sus alfareros, quizás llegados desde Samarcande hace varios siglos. En 1967, el Rey Zaher Shah había preguntado a un ceramista monegasco, Albert Diato, unido a Picasso y al grupo de Vallauris, que ayudara estos alfareros a mejorar sus técnicas. Queda una prueba de esta época, el inmenso panel de cerámica que adorna la chimenea de la residencia, inaugurada por George Pompidou, primer ministro en mayo de 1968.

Hoy en día los alfareros, enfrentados a la competencia de los utensilios de plástico y afectados por la caída del turismo, se reciclaron mucho en la venta de elementos decorativos, obras maestras del kitsch importadas del vecino pakistaní.

Istalif est réputé pour le talent de ses potiers | Photo : MAE

Los estigmas de la guerra

Bajo esta apariencia idílica, no tardamos en descubrir fisuras. En la entrada de Istalif, del otro lado del río, hermosas casas tradicionales de adobe no son más que ruinas dejadas al abandono. Por encima de una escuela, un agujero en el suelo lleva a una galería subterránea dónde se escondían los habitantes durante los bombardeos. Una colina domina el pueblo ; allí subsiste el esqueleto de un carro ruso cuyo cañón oxidado todavía parece amenazador.

En la época de su esplendor, había un hotel conforme con las normas internacionales, de dónde la vista era incomparable sobre la planicie y al cual accedíamos por un camino de plátanos centenarios. Todos los arboles están calcinados y han sido meticulosamente quemados, destruidos uno por uno. Sin embargo, la naturaleza renace una vez más y ramas que verdecen se escapan de los troncos ennegrecidos. El hotel, dónde el comandante Massoud (1953-2001) acogió a Madeleine Albright, fue dinamitado.

En la calle principal corre un karez (canal de riego). Bordeaba las casas a las cuales acareaba su susurro y su frescor, pero de ellas solo quedan unas partes ennegrecidas por el incendio.

Photo : Ambassade de France en Afghanistan

Istalif sufrió los bombardeos soviéticos. Pero son los talibanes quienes originan su destrucción y el éxodo de su población : han querido prohibir el retorno de estos montañeses que no han podido someter, hasta incendiando cada casa y cortando cada árbol frutal a medio tronco.

Desde 2001, muchos habitantes de Istalif, nostálgicos de sus tierras, han regresado. Uno de ellos, que comparte su vida entre Afghanistan y Bretaña, fundó una asociación que apoya nueve de las catorce escuelas del distrito desde hace unos diez años. Los fundos invertidos provienen por media de donaciones privadas y para el saldo de subvenciones que, según los años, vienen de las colectividades locales bretonas o de la embajada.

La educación de las niñas, desafío político

La visita hecha en cuatro de estas escuelas nos permite observar que estos fondos han sido bien utilizados : los edificios existen, sin lujo excesivo pero con una preocupación particular para el mantenimiento que se traduce especialmente en el cuidado tomado en los jardines.

Las niñas quienes ofrecen ramos entonando canciones patrióticas pueden sorprender pero lo más importante no es eso. Estas clases acogen casi tantas chicas como chicos (y son mixtas en las escuelas primarias), aún si los efectivos de chicas se reducen mucho cuando llega la edad para contraer matrimonio.

Rompiendo con la tradición, ellas saben afirmarse : en una de las clases, la canción entonada por las niñas no tiene nada patriótico pero solicita la embajada para que financie un campo de deportes.

Ces classes accueillent presqu’autant de filles que de garçons, (et sont mixtes dans le primaire)

Nuestras conversaciones con los directores de las escuelas nos permiten también entender mejor las cuestiones concretas que ellos y ellas se plantean.

El acceso es una primera dificultad : en la sociedad afgana, es imposible que una profesora joven de Kabul se aloje en Istalif, los transportes son lentos y costosos.

Otro problema es el de la calidad de la enseñanza : debido a la falta de locales y de profesores, dos y a veces tres grupos de niños se suceden durante el día, caminando a veces tres horas para seguir cuatro horas de clases. Por último, la educación, sobre todo de las niñas, queda un desafío político. La última escuela, localizada en el fondo del valle solamente accesible por un mal camino, acaba de perderse su campo de voleibol dónde van a construir una mezquita...

La dernière école, située au fond d’une vallée seulement accessible par une mauvaise piste, vient de se voir confisquer son terrain de volley-ball pour y construire une mosquée…

Las elecciones al menú

Para que un proyecto de desarrollo funcione, se necesita dinero pero sobre todo una acción de terreno, a largo plazo. Istalif nos lo confirma de manera positiva con estas escuelas pero también desgraciadamente de manera negativa : los ordenadores de las salas de clase están tapados con fundas porque la central hidroeléctrica financiada por un tercer país no funciona desde hace ocho meses, por falta de créditos de mantenimiento.

La mañana se acaba con un almuerzo con los notables locales. El marco es tradicional, con la gran cantidad de arroz caliente y el copero que pasa con su aguamanil y su bandeja para que nos aclaremos las manos.

La conversación trata de la actualidad. Entre los ochos candidatos a las elecciones presidenciales, solo dos tienen sus carteles pegados por todas partes y han obtenido la casi totalidad de los votos. Sin embargo defienden modelos de sociedad diferentes. La razón es evidente : son los dos únicos candidatos muhaidines, los otros no lucharon y no cuentan. Decididamente, en Istalif, más allá de los vergeles y de los talleres de alfareros, las cicatrices de los años de guerra todavía están vivas...

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