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Los embajadores temáticos o la nueva frontera de los desafíos internacionales

Marine de Carné - 21 mai 2015

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Están los ordinarios (pocos) y los extraordinarios (todos), los plenipotenciarios (un poco majestuosos) y he ahora los misionarios (un poco scout).

Se trata de una especie rara de embajadores que no tienen ni territorio-residencia-acreditación-desacreditación-mudanza, ni personajes extranjeros a los que mimar ni visitas ministeriales que preparar...

Pero se personifican en un tema después de haber pasado por las siete vidas de los gatos de embajada (como yo), cambiando de ocupación y de destino cada tres años, rebotando de puestos en el extranjero a puestos en París, en los « servicios centrales » : un día se reencarnan en un tema.

El tema, esa es la cuestión, o más bien el papel de composición.

Los temas, un medio para dominar territorios no delimitados

Los temas son muy variados. Enumerar la lista de temas equivale a pasar en revista el mundo actual, las prioridades más futuras que pasadas, porque hay que estar a la vanguardia del combate diplomático.

El papel de estos misionarios es dominar más mundo. Cada embajador debe cultivar su país o su tema como el Principito su rosa.

El papel de los misionarios es descubrir nuevos mundos.

Como escribía Camoes sobre los grandes navegadores portugueses que se lanzaron a explorar mares conocidos y desconocidos : « y si hubiese más mundo por descubrir, lo habríamos descubierto ».

Así que nuestra red no solo se extiende por toda la Tierra y abarca casi todos los países del mundo, sino que también están los polos, por ejemplo, donde no hay embajada pero para los cuales hay un embajador. Y no podemos quedarnos en la tierra : también hay que conservar los mares y el aire. Es la nueva frontera de los desafíos internacionales. La de nuestra supervivencia y la del planeta que debe reunir a los diplomáticos del mundo entero. Así que está el territorio, conocido y delimitado por los embajadores geográficos, y la carta, el comodín, los embajadores temáticos para encargarse del resto.

Nada se deja al azar en el Ministerio de Asuntos Exteriores.

Embajadores para las nuevas fronteras de la diplomacia.

En la globalización, el poder no se detiene en las fronteras y en la soberanía de los Estados. Hay que ganar la batalla de las ideas, el mundo superior de Platón, dominar estas nuevas redes de influencia y los nuevos actores.

Es lo que intenta hacer la RSE (responsabilidad social de las empresas), que se dirige ahora a las empresas, algunas de las cuales tienen una potencia económica mayor que la mayoría de los Estados, para hacer que participen en nuestro objetivo de un mundo más regulado y más justo y hacer que contribuyan al desarrollo sostenible del planeta del que también son responsables.

Somos el país de los 300 quesos, hay menos embajadores, a pesar de aquellos que representan a las regiones y a sus productos, pero hacen falta embajadores en las nuevas fronteras de la diplomacia.

De hecho, aunque desgraciadamente no hay embajador para la gastronomía es porque lo somos todos, sobre todo desde que nuestro ministro ha abierto este frente en el que no nos falta la munición.

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