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Mis Crisis

Marc Fonbaustier - Quai d’Orsay, Paris, France - 22 juillet 2014

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El 1 de junio de 2011 crucé la puerta del Centro de Crisis (CDC), donde me recibió el que era entonces su director, Serge Mostura.

Entre aprensión y emoción

Cuando asumí el cargo de Subdirector encargado del Centro de Situación, tenía una inquietud, una duda y un deseo.

Mi inquietud, bien real, era no conseguir llegar a afrontar los acontecimientos que iba a tener que afrontar. Acabábamos de pasar un primer semestre de 2011 fuera de lo común, marcado por varias crisis colectivas de gran amplitud (primaveras árabes en Túnez y en Egipto ; evacuación de los ciudadanos franceses de Libia ; atentado de Marrakech, terremoto en Japón, crisis en Costa de Marfil…), y temía que se repitieran. En ciertos aspectos estaba bien preparado para lo que pudiera llegar, pero la pregunta era menos saber si sería intelectualmente apto para asumir mis nuevas funciones que si sería humanamente capaz.

Mi duda versaba sobre la naturaleza exacta de las misiones del Centro de Crisis. Entonces solo tenía una idea vaga sobre ello. ¿De qué se trataba ? ¿Un diplomático con un recorrido clásico y, en el fondo, poco familiarizado con la gestión de situaciones de emergencia, podría afrontar el desafío ?

Por último, tenía un deseo. Más aún, una necesidad. Quería ser útil, participar en una misión de servicio público para « reconectarme » con el ministerio, con una forma de diplomacia activa y moderna, después de pasar un periodo suspendido.

Muchas crisis, todas distintas

Junio de 2014 : ya han pasado tres años, y han pasado muy rápido, al fin y al cabo. Han sido muy densos, repletos de sucesos, y no ha habido dos días iguales. ¿Qué pueden tener en común el naufragio del « Costa Concordia », frente a la isla de Giglio, en Toscana (aún recuerdo la llamada del puesto de guardia a las 5:10, una mañana de enero de 2012, preguntándome qué hacer…), el secuestro de Marie Dedieu en el archipiélago de Lamu, en Kenia, un accidente de tren en Higüey, en República Dominicana, una avalancha en Manaslu, en Nepal, el lanzamiento de la operación Serval en Mali, en enero de 2013, el virus ébola, el coronavirus, la desaparición del vuelo MH370 ? En realidad no tienen nada en común, pero se cruzan todos en un punto, en un organismo : el Centro de Crisis.

Trabajar en él proporciona una cierta dosis de orgullo rápidamente rebajada por la invitación a la modestia, porque los esfuerzos desplegados, demasiado a menudo, se ven sobrepasados por las realidades a las que debemos responder. Lamentamos no haber podido impedir un drama, una tragedia. Esperamos haber contribuido a evitar otros (pero entonces nos contentamos con los « no acontecimientos », por decirlo de alguna forma).

Alertar, informar, planificar, coordinarse

En el Centro de Situación, una de las cuatro subdirecciones del Centro de Crisis (al que aquí llamamos CDC), nos esforzamos por conjugar, cada día, cuatro verbos :

> Estar de guardia / alertar, con el puesto de guardia 24 horas al día, cuya utilidad para nuestras misiones y nuestros centros de decisión está sobradamente demostrada ;

> Informar, con más de 1.300 actualizaciones en 2013 de las 191 recomendaciones de viaje (in francés) consultadas por seis millones de franceses anualmente ; con los 456 mensajes de alerta enviados, el año pasado, a los 150.000 viajeros registrados en el portal Ariane (in francés) ;

> Planificar, actualizando permanentemente los 220 planes de seguridad de las embajadas y de los consulados ; mediante la celebración en el Centro de Crisis de reuniones de « vigilancia reforzada » sobre países cuya situación lo justifica ; con las misiones de consejo y de ayuda del CDC a algunas embajadas, más expuestas que otras, y donde los desafíos son importantes ;

> Coordinarse, con las empresas, en el marco de la diplomacia económica, con los socios extranjeros, en el marco de la UE o con terceros países, con otros ministerios, cuando organizamos reuniones interministeriales de crisis.
Una misión para el « gran público »

En el fondo, me ha costado menos responder a la pregunta de uno de mis hijos en el Centro de Crisis que en algunos de mis destinos anteriores : « Papá, ¿cuál es tu trabajo ? »

Y eso es sin duda porque los objetivos que se persiguen aquí son más palpables, más para el « gran público », y porque se inscriben en un horizonte temporal a más corto plazo que los que intentan conseguir otros ámbitos de nuestra diplomacia.
Seguramente porque es más fácil decir a un niño : « Ayudo a proteger y a socorrer a la gente que viaja o que vive en el extranjero » que hablarle de análisis político, de diplomacia cultural, de ayuda a las empresas, de diplomacia de influencia, etc.
Desde luego, porque la actualidad concede un espacio muy (¿demasiado ?) grande a las crisis y porque ocuparse de las crisis, una detrás de otra, acaba siendo, sencillamente, algo que está de actualidad.

El corto plazo y el largo plazo de la diplomacia

¿Qué he aprendido de mí mismo, del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, del Estado, durante estos tres años ?

He descubierto un interés por el « corto plazo » de la diplomacia, el de la Dirección de Comunicación y Prensa (DCP), el de la Dirección de Franceses en el Extranjero (FAE en francés), el de Protocolo y el de otros servicios del Ministerio que se me olvidan pero que sabrán perdonarme. Este « corto plazo » completa el « largo plazo » propio de la diplomacia.

Al abarcar un amplio espectro de países y de temas, he sido un espectador comprometido de la riqueza y de la calidad de nuestra diplomacia, cuyo valor está en todos los hombres y mujeres que la hacen. Es algo que he podido verificar desde el observatorio del Centro de Crisis.

He sentido la importancia crucial del trabajo interministerial, al establecer relaciones de confianza y cotidianas con la Secretaría General de Defensa y de Seguridad Nacional (SGDSN), con el Ministerio de Defensa, con el Ministerio del Interior, con el Ministerio de Salud : no hay anticipación, planificación ni gestión de crisis posible sin esta dimensión esencial.

Mis tres convicciones

Después de tres años en el Centro de Crisis, no tengo certezas, pero sí tres convicciones.

Primera convicción : no se hace nunca nada solo. He disfrutado de mi trabajo en el Centro de Crisis porque es un trabajo en equipo, en el que hombres y mujeres trabajan con inteligencia, con la mirada siempre puesta en la misión, que pasa por delante de cualquier otra consideración. La finalidad de la acción llevada a cabo, muy clara, crea un sentido colectivo. Contribuye así a unir las energías y los talentos : ello redunda en que la fuerza colectiva se ve amplificada.

Segunda convicción (o, más bien, una constatación) : desgraciadamente, seguirá habiendo muchas crisis. En un mundo heterogéneo y conflictivo, a pesar de los esfuerzos de nuestro país, no es probable que falten las ocasiones en las que deba intervenir el centro de Crisis. Y no es probable que la legitimidad de esta joven estructura, con respecto a nuestra geología administrativa, disminuya, más bien al contrario.

Tercera convicción : moverse en una crisis y superarla exige un rumbo, una dirección, una guía, todo ello combinando sangre fría, sentido común y profesionalidad. Es lo que buscamos día a día.

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