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Misión en Corea del Norte, territorio diplomático desconocido

Vincent Sciama - Pyongyang, Corée du Nord - 21 mai 2015

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Estamos en 2008. Solo llevo unas semanas en la Subdirección de Extremo Oriente cuando me anuncian que debo preparar una misión informativa en Corea del Norte. Acababa de aprobar la oposición y no tenía más que una vaga idea de lo que abarcaba o implicaba ser redactor. Y con todo, estaba a punto de vivir una de las experiencias más fuertes en el ministerio.

Ya he contado aquí cómo tuve el privilegio de acompañar a unos veteranos del batallón francés de la guerra de Corea en un viaje conmemorativo cincuenta años después de los hechos, y cómo las cosas se desarrollaron de forma imprevista. Debería haber sido más exacto y haber dicho que aquel año que para mí terminó en Corea del Sur había empezado en Corea del Norte, más arriba del paralelo 38.

Para un diplomático occidental, Corea del Norte es un territorio diplomático desconocido. La importancia de la propaganda, el papel del ejército y la ideología de la autosuficiencia (Juche) sitúan ya este país en un lugar aparte en la escena internacional, una especificidad reforzada por el desarrollo de su programa nuclear. La misión tenía lugar dos años después de la primera prueba nuclear de Piongyang.
Francia no mantiene relaciones diplomáticas bilaterales con Corea del Norte, pero el Ministerio francés de Asuntos Exteriores y Desarrollo Internacional organiza de forma periódica misiones oficiales en el país. Se trata de recoger información diversa sobre la situación política, económica y social del país, pero también de mantener contactos con los responsables del régimen, que son escasos en París.

La logística, factor de éxito o de fracaso

En el caso de este desplazamiento a Corea del Norte, las cuestiones de logística adquirieron rápidamente una gran importancia, convirtiéndose en un factor de éxito o de fracaso. Tras varias semanas de preparativos junto con nuestras embajadas en Pekín y Seúl, partimos para Piongyang vía Pekín.

En el programa del viaje : reuniones en la capital con responsables políticos y funcionarios norcoreanos, un viaje fuera de la capital con visita a dos proyectos humanitarios llevados por ONG francesas.

El vuelo entre Pekín y la capital de Corea del Norte, a pesar de ser corto, ya nos va dando algunas pistas de lo que nos espera : de la cabina nos llega una música patriótica a todo volumen en el momento en que sobrevolamos el lugar en el que los ejércitos de China y Corea del Norte ganaron una batalla durante la guerra de Corea. Llegamos al aeropuerto, sencillo, con dos pistas y un aeródromo vetusto. Menudo contraste con el de Pekín, que estaba a punto de acoger los Juegos Olímpicos. En la pista, entre soldados, nos recibe un oficial en un ambiente fresco. Tras el trayecto en coche hasta el hotel, nos instalamos bajo la mirada irónica de un compañero que me ha recomendado que no pida una habitación por encima de la 10ª planta, ya que son más caras. El temor a cometer un paso en falso hablando con una persona que no está autorizada a hablar con extranjeros es permanente. Las negociaciones para conseguir que nos facturen el precio justo por las prestaciones (sobre todo de transporte) son complicadas. Después llegan las visitas de rigor a la plaza central, teatro habitual de las manifestaciones masivas, a la torre Juche, al palacio del pueblo pero también a un restaurante panorámico desierto a cuyo cocinero llaman urgentemente en cuanto llegamos.

Vue de la place centrale de Pyongyang, et de la Tour du Juche | Photo : V. Sciama

Piongyang es, a la vez, triste y colorida, con sus grandes avenidas sin tráfico, salvo por algunas berlinas que circulan a tumba abierta. A varias decenas de kilómetros de ahí, en Nampo, visitamos a un equipo de trabajadores humanitarios franceses que trabajan en un programa de piscicultura para mejorar el día a día de los obreros que trabajan en otras obras. Nos recibe un responsable del pueblo, que se desvive para honrar a sus huéspedes venidos de tan lejos. Se siente, bajo y más allá de la mirada del oficial del Ministerio norcoreano de Asuntos Exteriores que nos acompaña en cada uno de nuestros desplazamientos, una voluntad real de intercambiar ideas y una hospitalidad cierta en un entorno bastante difícil.

La siguiente parada nos lleva a visitar las obras de rehabilitación de un hospital en Piongsong, también a unos cuantos kilómetros de la capital. Una ONG quiere construir en él una sala de operaciones y nos ha invitado a visitar las instalaciones. Se hace difícil imaginar que se lleven a cabo operaciones quirúrgicas en semejantes condiciones. A pesar del riesgo de que la rehabilitación de la sala solo sirva para una minoría elegida de pacientes, tenemos la sensación de haber realizado una acción útil al financiar este proyecto humanitario en beneficio de una populación castigada.
Desde aquella misión y varias más que se sucedieron, la cooperación humanitaria y cultural se encuentra en el corazón de la vocación de la Oficina francesa que ha abierto en Piongyang. También trabaja a favor del refuerzo del papel del francés, ya que aunque menos que hace unos años, en la República Democrática Popular de Corea del Norte, determinados círculos, que se pretende ampliar, hablan francés.

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