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Música sufí en Kabul en homenaje a las víctimas de París

Jean-Michel Marlaud - Kaboul, Afghanistan - 17 février 2016

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Los atentados terroristas del 13 de noviembre en París causaron una honda emoción en Kabul. Desde el sábado por la mañana, numerosas personalidades contactaron con la embajada para expresar su solidaridad y empezó un largo desfile de visitas, que duraría casi dos semanas.

Era llamativo que en aquel desfile había responsables importantes del gobierno, desde el expresidente Karzai al jefe del ejecutivo, ministros, pero también personas anónimas que venían a compartir simplemente nuestro dolor : desde representantes de la comunidad turkmena cubiertos con sus chapanes de manga larga, que dio a conocer en todo el mundo el presidente Karzai, hasta jóvenes directivos occidentalizados, pasó por los salones de la residencia toda una muestra de Afganistán. Otros que no podían desplazarse enviaron mensajes o se manifestaron más simplemente en las páginas de Facebook de la embajada.

Esta emoción estaba compuesta por varios elementos. Los afganos tienen generalmente una imagen positiva de Francia, por la antigüedad de nuestras relaciones y también por el recuerdo de los french doctors que vinieron a ayudarlos durante la lucha contra la invasión soviética. Entre los testimonios de los que conocen París, me quedo con este, escrito (en francés) por un antiguo becario : « Gracias a la generosidad del pueblo francés, he pasado dos de los años más enriquecedores de mi vida en París, a la que considero como mi segunda casa. Siempre estaré agradecido por la hospitalidad y la amabilidad que me brindaron los parisinos durante mi beca de estudios. Espero, y estoy seguro de ello, que París se recupere rápidamente. Francia es un país fuerte y se levantará para representar, una vez más y de forma orgullosa, lo mejor de la humanidad ». Muchos afganos, incluso aquellos que no tienen vínculos particulares con nosotros, se sintieron afectados, pues ellos mismos son víctimas del terrorismo y conocen el dolor que provoca.

Cuando el director del Instituto Afgano de Estudios Estratégicos me propuso organizar un concierto de música sufí en homenaje a las víctimas y a sus familias, tuve un momento de duda : ya habíamos reunido a la comunidad francesa para una velada a la que asistió un número inusual de participantes. ¿Era un concierto el tipo de evento más apropiado ? Tras una breve reflexión en la embajada, al final decidimos aceptar esta propuesta. El concierto nos permitiría reunir en aquella ocasión a todos los afganos que se expresaron con tanta fuerza durante los últimos días, pero también permitiría que participaran los otros embajadores de países de donde procedían víctimas de los atentados : el Presidente de la República Francesa apuntó en su discurso ante el Congreso que hubo víctimas de 19 nacionalidades distintas. Yo ya conocía a los músicos, a los que había escuchado durante un seminario organizado en Herat por el mismo Instituto y sabía que transformarían aquel momento en un momento de reflexión y recogimiento.

Por último, el cantante que dirige al pequeño grupo musical pretendía inspirarse de textos de Rumi, el gran poeta sufí. Rumi, al que se suele considerar como un místico turco porque está enterrado en Konya y ha inspirado a los famosos derviches giróvagos, nació en realidad al norte del Afganistán actual, en el oasis de Balj, donde aún se puede ver la modesta escuela en la que enseñaba su padre antes de huir del ejército de Gengis Khan. Sus textos simbolizan perfectamente el dolor de la separación y de la muerte. El más famoso hace alusión al ney, la flauta que tocaba nuestro músico y que está hecha de caña. Escucha el ney, y la historia que cuenta,/ cómo canta acerca de la separación :/Desde que me cortaron del cañaveral,/mi lamento ha hecho llorar a hombres y mujeres.

El concierto se celebró pues y reunió a numerosos participantes a pesar de los plazos tan cortos. Cuando no tocaba el ney, el músico cantaba poemas de Rumi. Muchos de sus textos tratan del dolor : Era candela que nos daba luz,/pero ¿dónde ha ido, dónde, sin nosotros, dónde ?/Como una hoja tiembla mi corazón, todo el día./Pero ¿dónde ha ido, en la noche, dónde ?/Ve al jardín, pregunta a los jardineros :/¿Dónde está la grácil caña, dónde ?/Ve a la terraza y pregunta al guardián :/¿Dónde está este rey sin igual, dónde ?/Como un poseído yerro por el desierto,/buscando la gacela, ¿dónde está, dónde ?/Tanto he llorado que mis ojos son dos ríos./En este océano, ¿dónde está la perla, dónde ?

Pero Rumi también es el poeta de la esperanza : ¿Quién ha dicho que la vida eterna esté muerta ?/¿Quién ha dicho que el sol de la esperanza esté muerto ?/El enemigo del sol ha subido al tejado,/ha cerrado los ojos y ha proclamado que el sol estaba muerto y del amor : Son olas de amor las que mueven la rueda del cielo, ¡sábelo !/Si no hubiera amor, el mundo se apagaría.

Nuestros amigos afganos no pretendían atenuar el horror ni el dolor con estos cantos y poemas. Solo mandarnos un mensaje.

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