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Nacimiento de un premio : la mujer afgana del año

Jean-Michel Marlaud - Kaboul, Afghanistan - 18 mars 2014

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Junio de 2013

Con motivo de una reunión de trabajo con el equipo de la cancillería política evocamos los distintos proyectos de cooperación realizados por la embajada a favor del Estado de derecho : ¿podemos imaginar una iniciativa que simbolice a los ojos del público en general la importancia de los derechos humanos ? Se sugiere la idea de crear un premio.

Julio a septiembre

El proyecto madura gracias a las reflexiones y los intercambios con nuestros interlocutores para comprender mejor las necesidades y evitar repetir lo que ya existe. Es evidente que este premio deberá estar asociado a los derechos de la mujer.

Desde 2001 y la caída de los talibanes, se han hecho progresos considerables pero siguen siendo frágiles. Las estadísticas lo demuestran con sequedad aritmética, ya se trate de la tasa de mortalidad o del porcentaje de mujeres analfabetas. Más allá de las cifras, basta con visitar las escuelas o los centros de salud que apoyamos para constatarlo. Por otro lado, los debates en curso sobre el restablecimiento de la lapidación o sobre la prohibición de dar testimonio contra un miembro de la familia (que impediría en la práctica cualquier acción en justicia en el caso de violencias conyugales), aun cuando no hayan tenido éxito, son una prueba de la voluntad de los círculos más conservadores de dar marcha atrás a los derechos adquiridos.

En todas las épocas en Afganistán hubo mujeres excepcionales : en literatura, donde desde la Edad Media surgió una de las primeras grandes voces poéticas, Rabia Balkhi, quien cantaba su amor por un esclavo, pero también en política cuando en el siglo XV surgió la poderosa reina Gohar Chad cuyo mausoleo en Herat todavía podemos admirar hoy… sin olvidar todas las que enseñaban clandestinamente en la época de los talibanes. En la actualidad esas mujeres se distinguen en todos los sectores de la sociedad : adeptas del street-art o del rap, fiscal general de provincia, policías, creadoras de moda, sin olvidar aquellas que, como la “insolente de Kabul”, volvieron a su país para fundar escuelas para niñas…

En la propia embajada la reflexión se extiende al servicio cultural, debido a su conocimiento de los círculos intelectuales y, más concretamente, porque será éste quien tenga que administrar los aspectos financieros.

Último trimestre de 2013

Ahora tenemos una idea clara de lo que queremos pero todavía hay que solucionar varias cuestiones. La primera se refiere al propio premio. Se tratará de un trofeo, realizado por un calígrafo pero también incluirá una suma de dinero que permitirá a la laureada realizar el proyecto que elija.

También hay que decidir los criterios de atribución ; optamos por definir cinco ámbitos : arte y cultura, política y administración, cuestiones sociales, ciencias y economía. Cada año se elegirá un ámbito diferente ; decidimos comenzar por arte y cultura.

Queda la última decisión, la más compleja : elegir el jurado. Después de tanteos y consultas discretas, optamos por una sabia mezcla entre miembros afganos e internacionales. La presidenta del jurado es una personalidad indiscutida del mundo intelectual y de la sociedad civil, Presidenta de la Comisión nacional de derechos humanos. Junto a ella, la Ministra de la Condición Femenina, la Presidenta de la Media Luna Roja (que nos ofrece acceso a todo el país) y la presidenta de un conjunto de ONG dedicadas a la promoción de la mujer. Para los representantes internacionales, además de la embajada, recurrimos a ONU Mujeres, un organismo de las Naciones Unidas, y a AFRANE, una ONG francesa que trabaja especialmente sobre cuestiones educativas, autora de una profunda reflexión sobre las razones del abandono escolar de las niñas.

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Photo : Amina Hassani

Enero de 2014

Se organiza un encuentro con nuestros colegas alemanes, ambos Ministerios de Asuntos Exteriores alientan a las embajadas a preparar proyectos conjuntos. Les proponemos ser observadores. Si el proyecto les parece bien, podrían sumarse a él en 2015. Su reacción es entusiasta : están dispuestos a participar ya este año y apoyan sin reticencias las reglas que elaboramos. A partir de entonces el premio pasa a llamarse “premio franco-alemán de la mujer afgana del año”.

23 de febrero

Anunciamos oficialmente la creación del premio en el Institut Français de Afganistán, en presencia de periodistas que se muestran lo bastante interesados como para que la noticia sea retomada por la mayoría de los medios de comunicación audiovisuales e incluso aparezca en la primera plana de un periódico.

Una vez terminada la conferencia de prensa, el jurado se reúne para seleccionar a la laureada. Las reglas son simples : cada participante fue invitado a proponer un nombre y tiene cinco minutos para exponer los motivos de su elección. La posibilidad de votar está prevista pero nuestra preferencia sería el consenso. Al terminar la ronda de participantes, se hace evidente que las candidatas de los miembros internacionales del jurado son excelentes pero ya son todas relativamente conocidas. Por el contrario nuestras colegas afganas proponen a personalidades que hasta hoy han estado en la sombra. La elección entre estas dos opciones no es simple. Es cierto que resulta tentador ser pioneros pero, ¿cómo se interpretará el hecho de galardonar a personalidades desconocidas para el público en general ? ¿Como un ejemplo más del modo de decisión “pochté pardé” (detrás del telón) que lleva a una decisión influida por consideraciones personales, étnicas, locales, etc.? ¿O como la prueba de nuestra capacidad de reconocer los talentos sin dejarnos encandilar por los (modestos) focos en los que se concentra toda la atención ? Decidimos confiar en [el criterio de] nuestras colegas afganas.

El debate no es por ello menos largo puesto que la elección es difícil. Además de la calidad de las personalidades, se trata de una cuestión de fondo : ¿tenemos que premiar a alguien que ya tiene una larga carrera, que ejerce un magisterio moral según la opinión general, que ha formado discípulos, aun cuando nunca haya recibido el reconocimiento de los demás ? O bien, ¿hay que seleccionar a una “joven esperanza”, dándole el apoyo que necesita ahora, con el riesgo de que dentro de algunos años veamos que sólo fue una estrella fugaz ? Muy pronto el debate se concentra en dos nombres que simbolizan estos dos enfoques y una votación indicativa nos muestra que nuestras preferencias desembocan en un empate. Decidimos entonces designar dos laureadas en vez de una : gracias a la colaboración alemana podemos duplicar el premio concedido.

8 de marzo

Efervescencia en el auditorio del Institut Français cuyas 450 plazas están todas ocupadas, sin contar las cámaras de los 16 canales de televisión presentes. La presidenta del jurado anuncia los nombres de las dos laureadas : la primera, Sharifa Danish Zaringar, es originaria de Kandahar. Poeta, miniaturista y escultora, ya ejercía cuando mandaban los talibanes. Su nombre es una referencia en los círculos intelectuales afganos pero vive modestamente en Kabul de su sueldo de docente. La segunda, Amina Hassani, es una fotógrafa de 22 años que vive en Barmiyan. Quedó huérfana después del asesinato de sus padres en manos de los talibanes, fue víctima de malos tratos por parte de las personas que la habían recogido junto con su hermano menor, se atrevió a defenderse y a recurrir a los tribunales. Como fotógrafa su obra se centra en su región y pretende mostrar la realidad de la vida cotidiana, en particular de las mujeres. Su enfoque es tanto artístico como comprometido.

  • image diaporama - Photo : Amina Hassani
    Photo : Amina Hassani
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    Photo : Amina Hassani
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    Photo : Amina Hassani

Les damos cita el año entrante para la segunda edición de un premio que esperamos que, a largo plazo, pase a formar parte del paisaje afgano. Es cierto que no modificará fundamentalmente la condición de la mujer afgana pero, al menos así lo esperamos, aportará su granito de arena a la construcción de un futuro mejor.

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