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Triple impacto en Lomé

Marc Fonbaustier - Triple choc à Lomé - 25 novembre 2014

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Llegué a Lomé el 8 de septiembre de 2014. Y lo hice como triple neófito : embajador neófito, neófito en África, neófito en Togo. Un triple impacto. Por lo tanto, un triple desafío de adaptación al que enfrentarme. Y sobre todo una triple razón para ser humilde y prudente.

De entrada, la vida personal se impone al marco protocolario. Bajo del avión. Solo son las 18:30, pero ya es de noche cerrada. Me siguen mis hijos. Me espera el jefe de Protocolo togolés. Mientras bajo por la escalerilla, veo su amplia sonrisa : « ¡Buenas tardes, Excelencia, buena llegada ! », me dice, empleando la fórmula tradicional en Togo. Va vestido con un bubú naranja y negro... Mi hija Gaia, de 7 años, abre la veda : « ¡Hala, llevas un traje genial ! ». Entre seriedad y buen humor, el protocolo se humaniza y puede empezar la aventura.

Inauguration à Lomé {JPEG}

Ocho semanas y algunas sensaciones fuertes después, me seduce esta África Occidental subtropical, a la vez húmeda y calurosa, verde y de un marrón rojizo, urbana y rural, situada entre el mar y la tierra.

¿Por qué este sentimiento de equilibrio ? ¿Cómo describir mis impresiones ?

Están compuestas, en primer lugar, por sensaciones físicas. El calor húmedo es agotador. La luz es vívida, cruda, y da a las cosas, a los colores, a las líneas, una nitidez especial. Las sensaciones son muy fuertes al recorrer la ciudad de Lomé. Es una ciudad de tamaño medio, con un millón de habitantes, surcada por una cantidad innumerable de motos, de vehículos de dos ruedas de todo tipo, bordeando la Marina, al ritmo de las porteadoras de frutas y verduras y de las vendedoras del mercado central, vendedoras de pareos y de artículos heteróclitos, Lomé da la impresión de ser una gran ciudad de provincias, de tamaño humano, donde se puede acceder a todo rápidamente.

También las alimentan sensaciones psicológicas. El Inspector General me había avisado : « una vez pongas el pie en la pista, dejas de ser tú mismo, porque representas algo que te supera y que te obliga ». Es una realidad absoluta, invasora. « Excelencia, Su Excelencia… ». « Señor Embajador ». Es algo sabido. Uno se prepara para ello antes de ocupar su primer puesto de embajador. Y se acostumbra, sin por ello entrar en una rutina peligrosa. En el propio cargo hay una parte irreductible de soledad, una mezcla de alejamiento, respeto más o menos sincero, atribuciones que no se pueden delegar, transferencias colectivas, situaciones objetivas. Lo vi con claridad con ocasión de la entrega de las notificaciones de cese y de las cartas credenciales, en el momento de los himnos y de comparecer ante el presidente de la República de Togo, Faure Essozimna Gnassingbé. Pero ya había percibido la fuerza del cargo cuando el jefe de Protocolo me separó de mi familia, al llegar, para llevarme a mi vehículo oficial. Ya no era el padre de mis hijos, era el embajador de Francia. Para volver a ser más tarde, afortunadamente, padre… Porque es necesario tener fuerzas que le traigan a uno de vuelta, antídotos.

Primer antídoto : la familia, que imprime una continuidad del ser, una estabilidad identitaria, lejos de los juegos de rol…

Segundo antídoto :  : la comunidad de trabajo, el espíritu de equipo, la confianza en el primer colaborador y en los jefes de servicio, la proximidad con los empleados, expatriados o locales, que esquivan el síndrome de la torre de marfil y estructuran el trabajo diplomático. En Lomé, tengo la suerte de poder contar con un grupo de colaboradoras y colaboradores entregados al servicio público, con experiencia y muy buena disposición.

Tercer antídoto : algunas actividades extraprofesionales liberadoras, en las que uno se reencuentra a sí mismo. El kárate, la pesca en el mar, descubrir el arte africano… Todas ellas oportunidades de tener encuentros auténticos, de descentrarse de sí mismo y de aprender del Otro.

Cuarto antídoto :  : la espiritualidad, alimentada por la meditación, la escucha de grandes obras musicales y algunas lecturas enriquecedoras. Y recordar, de forma regular, que aquí no hay nada, sobre todo los medios del Estado puestos a disposición del embajador, que se pueda separar de las funciones que se ostente y de la misión que se le ha encomendado a uno.

Se basan también en sensaciones profesionales, y son legión. En Togo disponemos de todas las palancas de una diplomacia global. Siguiendo las orientaciones del Ministro, nuestra política extranjera es una acción exterior « gran angular ». Se trata de un país pequeño, en la región, tanto por su superficie como por su población. Pero es un aliado histórico, un compañero de armas (que intervino muy pronto en Mali, con nosotros), una plataforma regional y un punto de entrada hacia el norte y el oeste, un puerto de anclaje estable, firme y seguro (para nuestros buques…) en un entorno complicado. En dos meses ya he vivido momentos intensos. El recibimiento por parte de los Jefes de Servicio en el aeropuerto. La visita de un orfanato. Una escala de un buque de la Marina francesa, con honores militares, himnos, revista de las tropas y honores a la bandera. La inauguración con el Primer Ministro togolés de escuelas que forman a los profesionales sanitarios, con material y equipo proporcionados por nuestro país. Una reunión del Comité Consultivo Local, con los representantes de los empleados locales, en la que analizamos lo que nos separa y lo que nos acerca, a administración y sindicatos, comprobamos las virtudes del diálogo, de la escucha y del respeto.

Por último, puede que mis impresiones se funden, sobre todo, en sensaciones humanas. ¿Qué otro oficio permite, durante un solo día, estar con un contralmirante, un Primer Ministro, sindicalistas, un jefe tradicional, el director de una cementera, el obispo de Atakpamé y un presidente danés de una ONG que llegó a Togo hace 40 años ? ¡Qué riqueza y qué diversidad de contactos !

Pienso que tengo un trabajo realmente hermoso, que aquí estoy en mi lugar : un embajador en África, en Togo.

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