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Hong Kong: un consulado atípico en China

Christian Ramage - Hong Kong - 9 de julio de 2014

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A muchos diplomáticos les apasiona la Historia. Su formación básica implica, de hecho, un conocimiento en profundidad de la historia de las relaciones internacionales, y muchos de ellos, cuando eran estudiantes, tenían en su mesilla de noche los grandes libros de Pierre Renouvin o de Jean-Baptiste Duroselle dedicados a la historia diplomática.

Foto de archivo titulada «Hong Kong vista desde mi habitación en el club» (hacia 1904-1905) | Foto: Archivos MAEDI

"Entender con claridad los acontecimientos pasados"

Una de las misiones de cualquier diplomático es intentar entender el país al que le destinan, en todas sus vertientes: económica, política, social, cultural, religiosa, etc. Este objetivo pasa por conocer la historia del país, que será lo que le permita construir su comprensión de su futuro entorno. Para el diplomático, prepararse para su próximo destino significa pues leer libros, artículos de prensa, notas o informes que describan todos los aspectos destacados del país en el que va a pasar los próximos años. El estudio de la evolución, a lo largo de los siglos pasados o de las últimas décadas, de las relaciones entre Francia y el país en el que va a desempeñar su cargo constituye otro elemento clave para tener éxito.

Por eso, en 2005, cuando el ministerio me confirmó que me destinaba a Hong Kong, acudí a la gran mina de oro que es la biblioteca de la sede del ministerio en el Quai d’Orsay para intentar encontrar todo lo relacionado con Hong Kong pero también con las relaciones diplomáticas entre Francia y la antigua colonia británica.

Aunque las obras sobre Hong Kong abundaban, sobre todo en inglés, no pude encontrar referencias a la historia de las relaciones diplomáticas entre Hong Kong y Francia. En este aspecto, la diferencia entre Hong Kong y las otras ciudades de China en las que Francia y los diplomáticos franceses habían estado (o siguen estando) presentes era flagrante.

En efecto, parecía que Hong Kong no hubiera despertado el interés de los historiadores, de los investigadores o de los universitarios, a pesar de que habían escrito miles de páginas sobre las misiones diplomáticas de Lagrené o de Montigny en el siglo XIX, sobre las concesiones francesas de Shangái y de Cantón o sobre el consulado de Francia en Chengdú, dirigido durante un tiempo por el padre del escritor Lucien Bodard (que lo retrató en su obra El cónsul).

Vista del puerto de Hong Kong en 1900 | Foto: Archivos MAEDI

Hong Kong o el desafecto de los historiadores

Esta es una singularidad que Hong Kong debe a su estatus. Las embajadas, consulados, concesiones o legaciones que Francia abrió a lo largo de los últimos siglos en Pekín, Shangái, Cantón, Chongqing, Fuzhou o Longzhou eran todas representaciones oficiales francesas en el Imperio chino, en la República de China a partir de 1911 o en la República Popular de China a partir de 1964, año en que Francia reconoció oficialmente a la China comunista. Estas misiones diplomáticas o consulares participaban así en la expansión de la influencia francesa en China, en concreto en el siglo XIX, un periodo en el que hicieron su entrada las potencias occidentales en Asia, lo que despertó el interés de universitarios e investigadores.

El consulado de Francia en Hong Kong en octubre de 1971
Foto: Archivos MAEDI

Pero no pasó nada parecido en Hong Kong. Desde su apertura hasta 1997, el consulado de Francia en Hong Kong fue un consulado en una colonia de la Corona británica que posteriormente se convirtió en un consulado en la Región Administrativa Especial (RAE) de Hong Kong, una región con un estatus especial en China. Un puesto de observación, de China… o de Inglaterra, pero no un puesto de afirmación de la presencia francesa en China: es esta una particularidad que parece haber provocado el desafecto de los historiadores…

Me lancé pues, con aprensión, a investigar en los archivos del Ministerio francés de Asuntos Exteriores, pero también en los de la Marina, en los del Ministerio de Defensa, en los de las Misiones Extranjeras de París o en los del gobierno de Hong Kong, sin olvidar los archivos privados. Intentaré presentar próximamente lo que pude encontrar en ellos e intentaré mostrar, a través de futuras entregas de "pequeñas historias diplomáticas", cómo la riqueza y la variedad del oficio de diplomático han perdurado a lo largo de los siglos.

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